Apenas tenía 22 años, era joven, tenía cabello, mis dientes estaban
completos y veía bien, aún así, había algo que a mi edad no tenía y que
no había hecho pero que ya muchos sí. Algo que para cualquier persona es
muy importante y especial, hasta tal punto que nos preparamos física y
psicológicamente para ese día, nos perfumamos, nos afeitamos, nos
arreglamos para vivir un momento importante, pensamos en lo que vamos a
decir, en lo que no debemos decir, en la posición de nuestras manos, en
los gestos, en nuestros movimientos, en todo, es un momento tensionante,
vigorizante, emocionante y hasta excitante.
Era lunes 29 de
octubre, sí, de esos lunes odiados por la gente, de esos lunes de
octubre que no paran de llover en Bogotá pero ese día fue la
excepción, un día normal para la mayoría, menos para los neoyorquinos y
para mi. Era el gran día, me perfumé, me afeité, me arreglé para vivir
un momento importante en mi vida, pensé en lo que iba a decir, en lo que
no debía decir, en la posición de mis manos, en mis gestos, en mis
movimientos, en todo. Me dirigía al sitio donde iba a tener este
encuentro, pensaba en lo que podría pasar o en lo que no, respiré hondo y
profunfo cuando llegué allí, se acercaba el momento, se acercaba la cita con mi
vida, con mi futuro, con el paso que iba a dar.
Subí en ascensor hasta un segundo piso, me
encontraba en el mismo piso donde iba a pasar, y sí, pasó; todo fue en
una cabina de vidrio, con unas 10 sillas aproximadamente, una mesa, un
tablero y un computador. Estaba ahí, dentro de ella, la reconocida, la
experta, la galardonada, la popular, sí, era ella, la inmensa de la
industria, llena de clientes, que me logra intimidar por su experiencia,
por su destreza, por lo buena que es en lo que hace, la que no se
conforma con cualquier cosa, la que es exigente, la rigurosa.
Es ella,
la que va a llenar mis más profundos deseos, mis fantasías, la que va
a enseñarme cómo hacerlo bien, la que me va a mostrar cómo es esta vida, la que me va a acompañar mis frustraciones, logros y alegrías, la que va a estar en todo instante desde ese momento que estuve con ella. Me sudaban las manos y me temblaba la voz,
no era para menos, era mi primera vez, lo enseñé todo, uno a uno, todo
lo mío lo enseñé por primera vez. Sí, era mi primera entrevista de
trabajo, mostré el mejor trabajo que he realizado como estudiante, no sé
si gustó o no, lo cierto es que con esto, no me queda duda que quiero
que mi primera vez sea en Sancho BBDO.